Enterada
que te explote un globo en la mano
duele
estoy convencida de que lo que tengo que hacer es adelgazar, adelgazar y escribir. entonces escribo, escribo y corrijo. guardo los archivos. como cereales con yogurt y frutillas. tomate, un poco de pollo. me voy convirtiendo lentamente en esas chicas blanquísimas incapaces de decir: que ganas de clavarme una milanga.
mi hermana de seis años jugaba con un volante de publicidad de un recital de Luis Miguel. el mexicano sonreía desde el folleto. se lo metió en la boca. nuestro hermano de veinticuatro años le dijo: Luli estás mordiendo a Luis Miguel, a lo que ella respondió: perdón Luis Miguel, ¿es tu amigo Luis Miguel?.
no debe ser nada fea la sensación de no tener ni la más remota idea de quien es Luis Miguel y ni hablar de ignorar por completo que hay una persona en el mundo llamada Daysi Fuentes.
el pibe que repartía volantes de un centro de belleza llamado "Sol pleno" me dió uno y me dijo "sol pleno para mujeres". decí que ya sé que los reyes magos son los padres. si no me hubieran tenido ahí, en busca de la plenitud, ilusionada, con una mascarita de manzanilla en el rostro y barro vegetal en la cabellera.
la única persona en el mundo que me dice Dufi, es mi mamá. en realidad ya casi no lo hace. entonces no sé que me llevó a pensar que lo que decía ese chico que pedía era Dufi, Dufi. me dí vuelta y ahí entendí, jefe, jefe, le decía al tipo que estaba parado al lado mío. jefe, una monedita. crucé. cruzó jefe también. mi cabeza ultimamente me está haciendo demasiados goles en contra.
la chica vecina,la que discute con el novio. la que pelea, la que se defiende de las acusaciones, la que dijo "Cristian es mi amigo", ella, estaba apoyada en la puerta del locutorio en donde trabaja su novio. tenía la nariz y los ojos muy rojos. miraba hacia la nada pensando algo, apostaría que era: ¿qué hice yo para merecer esto?, o algo muy parecido.
noche. iba caminando. había un hombre sentado en la puerta de una heladería. y nadie más. cuando paso al lado suyo dice: vení Popi. se detienen mis pensamientos. miro, nadie. camino unos pasos, repite: vení Popi. estaba a punto de desmayarme, cuando lo vi en la esquina, un perrito blanco, feito. andá Popi y no vuelvas a darme un disgusto así, perro bobo, dije. ¿o boba yo?.
Hoy vi el tren cerca. Crucé. Varios me gritaron cosas. No fue de distraida. No fue por estar presa en mi cabeza. No fue suicida. No. Lo vi. Como decirlo. Simplemente lo supe. Podía cruzar.
A pesar del ruido ensordecedor no vi la ambulancia. No me di cuenta. No me afectó el ruido.
Ey piba cuidado!, me gritó el señor con el que comenté en la otra esquina lo de la chica que chocó el auto.
Me dí vuelta y mientras apuraba el paso le sonreí. La ambulancia estaba a unos metros.
Es increíble lo útil que puede ser un desconocido a veces.
Lloraba sobre el escritorio, en el medio de la congoja descubro que bajo mi cara hay papeles. Que no sean importantes, pensé. Que no digan algo que me importe. Seguí llorando, dudé, no los saqué. Preferí la amaneza: por ahí sí dicen algo importante.
Lloré más.
ya lo dijo mi amigo S.G:
"las cosas nunca salen como uno quiere",
y hoy es tan cierto, que lloro.
En mi cuaderno de notas amarillo escribí:
"algún día te vas a arrepentir",
cerré el cuaderno,
sigue haciendo el mismo frío.
Regaba las plantas de la terraza. Siempre con desgano. A la planta grande, la que está en la maceta despintada, nunca le llegaba el agua. Regaba las plantas que están en la terraza de abajo desde la terraza de arriba. Y a planta grande nunca le llegaba el agua. Bajaba las escaleras pensando:
igual en algún momento va a llover.
Caminaba por Camargo el sol me daba en la cara, sentía calor. Una y otra vez me venía a la cabeza "teatro Luz y fuerza de San Bernardo". Hace 14 años cuando todavía veraneaba con mi mamá en San Bernardo una avioneta sobrevolaba la costa repitiendo una y ora vez "teatro Luz y fuerza de San Bernardo". Será que cuando vuelve una sensación vuelve todo.
¿Será?.