A veces la acompaño a mi abuela al médico. Al dóctor, dice ella. Casi no puede caminar sola. La paso a buscar por su casa y de allí nos lleva Norberto, su remisero de confianza. Ella dice que se siente protegida. Norberto es grandote, apenas gordo. Tiene una respuesta para todo. La ayuda a subir, la ayuda a bajar. Mi abuela habla mucho. Cuenta anécdotas.
"Yo antes iba mucho a la casa de ella les hacía de comer...",
milanesas con puré, interrunpí.
Sí, dijo ella riéndose, ¿vió cómo se acuerda?, le dijo a Norberto.
Me apoyé en la ventana, me quedé pensando en las milanesas con puré, envuelta en cierta felicidad inexplicable.
Ser simple duele menos.